Mi regla ABCDE de los injertos en sello

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Este es mi ABCDE de los injertos en sello, pero la verdad es que podría continuar con el resto del abecedario, porque hay muchos trucos que nos pueden ayudar para  entender mejor la técnica y que sea lo más exitosa posible;)

A de “azul rosado”, porque es el color que más nos gusta, ya que indica que se ha producido neoangiogénesis. Sin embargo, aquellos injertos con coloración blanquecino-amarillenta pueden prender más adelante y, aunque no lo hagan, serán beneficiosos por su liberación de células y factores de crecimiento que promueven la cicatrización y reducen el dolor. De hecho, recolocaremos los injertos que se hayan quedado en el apósito. (Ver post «Recolocar y no retirar las costras: dos reglas no escritas de los injertos en sello»).

B de “barrera con óxido de zinc”, porque la cobertura con injertos puede aumentar el exudado y debemos proteger la piel perilesional. (Ver post «¿Por qué utilizamos zinc tópico en las heridas y la piel perilesional?»).

C de “compresión” adaptada a las comorbilidades y tolerancia de cada paciente y asociada a medidas antiedema, aunque no se trate de una úlcera venosa. El vendaje compresivo promoverá la presión local sobre el lecho para favorecer el prendimiento de los injertos. También recomendamos reposo absoluto con las piernas elevadas, al menos durante los primeros 4 días (lo ideal es una semana), y pautamos tromboprofilaxis con heparina. (Ver post: «La compresión es clave en el tratamiento de las heridas en las piernas»).

D de “distanciamiento de las curas”, ya que es fundamental espaciar al máximo los cambios de apósito y tocar lo menos posible el lecho en cada cura para modificar lo mínimo posible ese microambiente “procicatrización”. (Ver post «Los injertos en sello: un clásico que vuelve a estar de moda»).

E de “etiología” ya que, a pesar de que los injertos en sello son un tratamiento “estrella”, el verdadero éxito terapéutico sólo se puede conseguir sobre la base de un adecuado tratamiento de la causa de la herida. De hecho, un motivo de fracaso frecuente en las úlceras venosas es el no conseguir un buen control de la hipertensión venosa.

 

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