Recolocar y no retirar las costras: dos reglas no escritas de los injertos en sello

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La verdad es que hay pocas reglas escritas sobre los injertos en sello… De hecho, es difícil encontrar publicaciones científicas con los trucos prácticos más relevantes para tener éxito con esta técnica… Para compensar este déficit, los injertos en sello son el tema estrella de este blog, pero nunca había hablado en detalle de estos dos puntos que son esenciales. Tanto «la recolocación de los injertos» como «el no retirar las costras» están en la línea del “no tocar” y “mantener el microambiente procicatrización” de los que siempre hablo. Vamos a entender el porqué de estas dos reglas (o, mejor dicho, órdenes;)

¡Recoloca los injertos que se hayan quedado en el apósito!

No es nada raro que, al levantar la cura, nos encontremos algún injerto en el apósito. Se pueden dar varias situaciones:

  • Ausencia de prendimiento: los injertos en los que no se han formado nuevos vasos que los nutran desde el lecho se mantienen amarillentos e hinchados por imbibición (por la nutrición que les ha llegado por el contacto con el exudado de herida). Normalmente ocurre si el lecho de la herida no es el óptimo o no hay una adecuada fijación local y reposo durante los primeros 3-4 días.
  • Arrancamiento: los injertos han prendido, tienen una coloración rosado-azulada, pero los hemos “arrancado” al retirar el apósito.
  • Epidermis desprendida: los injertos están adheridos al lecho, rosados, brillantes, pero su capa más superficial (láminas transparentes de queratinocitos) se ha quedado pegada al apósito.

¿Cuál es el mejor apósito para evitar el despegamiento de los injertos? Pues no se han hecho estudios comparativos, pero nuestra experiencia es buena con el uso de interfases o directamente de alginato sobre la herida (que si está muy adherido, deberemos humedecer antes de la retirada).

¿Cómo hacemos para recuperarlos y recolocarlos? Utilizaremos unas pinzas para separarlos del apósito y nos ayudaremos de la punta de un bisturí o aguja para extenderlos nuevamente en el lecho

¿Y si no tenemos claro cuál es el lado correspondiente a la dermis y la epidermis?Una pista para diferenciarlo es que la dermis es más brillante. Sin embargo, aunque no sepamos cuál es cuál, y los coloquemos al revés, se favorecerá la cicatrización.

¿Debemos recuperar los injertos aunque haya mucho exudado en el apósito? Sí, siempre, aunque no sea sencillo a veces encontrarlos;) 

¡No retires las costras!

Como en las heridas agudas con buena evolución, en las heridas injertadas se irán formando costras de manera paralela a la epitelización. Estas costras, formadas  predominante por capas deshidratadas de restos celulares y exudado, actúan como una barrera protectora para mantener un microambiente promotor de la cicatrización . De hecho, para evitar el exceso de humedad en la herida injertada y favorecer que se formen estas costras, habitualmente aplicamos óxido de zinc en solución en combinación con el alginato (ver post «¿Por qué utilizamos zinc tópico en las heridas y la piel perilesional?» y «¿Por qué utilizamos tanto alginato en nuestra consulta de heridas?»)

Sólo retiraremos las costras si fluctúan, si al presionarlas sale exudado purulento o si hay otros signos de infección. Ya se irán desprendiendo cuando dejen de ser necesarias… En ese momento, podremos ayudar a su desprendimiento aportando hidratación, por ejemplo con vaselina pura;)

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