¿Por qué se queda corta la clasificación de las úlceras por presión?

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Porque no incluye información que es muy relevante en la evaluación de estas heridas…

A modo de recordatorio, la clasificación de las úlceras por presión más generalizada y utilizada es el sistema de la NPUAP/EPUAP (National/ European Pressure Ulcer Advisory Panel), sólo incluye la profundidad de la herida. 

El problema es que hablar sólo de la profundidad no nos da la información suficiente para hacernos una idea del pronóstico y decidir el mejor tratamiento en cada caso… De hecho, muchas veces, el condicionante principal de la evolución es la isquemia o la osteomielitis, que no se registran en esta clasificación (Ver post “No debrides placas necróticas en talones”). Y, por supuesto, el estado general y situación basal de la persona.

A pesar de que ya había reflexionado muchas veces sobre las limitaciones de esta clasificación, me he animado a escribir sobre el tema tras la lectura de dos artículos que acaba de publicar el grupo de trabajo de mi amigo y gran experto en heridas, José Contreras, y que encontraréis al final de esta entrada. Estos autores nos proponen una nueva clasificación de las úlceras por presión recogiendo, además de la profundidad, la isquemia y la infección. Por tanto, esta clasificación se denomina DIP (Depth, Infection, Perfusion) y se inspira en la escala de clasificación de las lesiones del pie diabético de la Universidad de Texas.

¿Cuáles son los aspectos prácticos más relevantes que aporta esta nueva propuesta de clasificación DIP?

  • El grado 0 representa una lesión pre o postulcerosa que incluye úlceras curadas, cicatrices y eritema no blanqueante. Aunque este grado no describe una verdadera úlcera, ayuda a identificar los lugares con alto riesgo de ulceración o re-ulceración.
  • Las heridas con afectación ósea o articular se incluyen en una categoría específica (grado III), ya que tienen un peor pronóstico.
  • Las úlceras grado III tienen gran riesgo de osteomielitis, por lo que ésta se tendrá que descartar si la evolución no es favorable.
  • Obliga a la palpación de pulsos en cualquier persona con úlcera por presión en talón.
  • La presencia de isquemia, independientemente de la profundidad de la úlcera, requerirá una valoración por cirugía vascular.
  • En caso de isquemia y ausencia de infección, se evitará el desbridamiento y se mantendrá la herida seca si no hay posibilidad de revascularización. Por el contrario, si hay isquemia y signos de infección, es fundamental retirar el tejido no viable para controlar la infección.

Para finalizar, me gustaría subrayar que, a pesar de que las características de la úlcera van a establecer el tratamiento a seguir y son un marcador pronóstico, la movilidad, el estado mental y el estado general de la persona son un pilar fundamental en la toma de decisiones. En personas en situación de fin de vida, lo más importante es buscar el bienestar, espaciando las curas al máximo sin ser invasivo. De hecho, esta estrategia de tocar lo menos posible las heridas es de elección en las denominadas úlceras terminales de Kennedy. A pesar de que su etiología exacta se desconoce, estas úlceras por presión múltiples, rápidamente progresivas, se podrían enmarcar en un fallo multiorgánico.

 

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